
Por si no tuviéramos bastante las familias españolas, un nuevo quebradero de cabeza se aproxima al finalizar el año: La nueva ley de servicios de pago.
A partir del 1 de enero entrará en vigor esta nueva ley que permitirá que los comerciantes cobren a los clientes una parte de la comisión que los bancos exigen por gestionar la transacción, si abonan su compra con la tarjeta de crédito. Este pago, hasta ahora, recaía en el vendedor.
Evidentemente esto hará que nos lo pensemos dos veces antes de ir a comprar sin haber pasado antes por el cajero.
Las economías reducidas deberán ser más conscientes aún (si cabe) de cuándo hay que darse un capricho y, por supuesto, olvidarse de esa compra espontánea cuando veíamos algo en un escaparate, mirábamos el bolsillo vacío y pensábamos “No he cogido dinero pero no importa, lo pago con la tarjeta”.
Esto sin contar con que los comerciantes podrían verse en la necesidad de poner dos precios a los artículos, uno si pagamos en efectivo y otro si lo abonamos con el susodicho rectángulo de plástico.
Si intentamos ver el lado positivo de las cosas, es decir, que no tiene porqué llegar la sangre al río, debemos tener en cuenta factores de peso y tomarlos como órdenes firmes en nuestras conciencias, a saber:
a) Sólo compra a crédito si es algo urgente, importante e imprescindible.
b) Si no tienes efectivo, no compres porque te saldrá más caro.
c) Si no compras a crédito no te verás atrapado en deudas extra.
d) Si no tienes deudas extra del mes anterior podrás afrontar mejor el mes correspondiente.
Habría que matizar algunos detalles como por ejemplo que la peluquería, las entradas del futbol, el vino de la comida, los chicles, el teléfono móvil o el tabaco no son urgentes, importantes ni, por mucho que nos empeñemos, imprescindibles y que de todos es sabido que, cuando nos viene una factura el día 1 de las compras del mes pasado, casi es seguro que tendremos otra factura el mes próximo con las compras de este mes porque no nos va a llegar lo que quede para pagarlo.
Es triste pero es así y lo es siempre, da igual el ingreso, con cualquier sueldo sea grande o pequeño, porque una economía grande, tendrá gastos grandes y también se verá envuelta en ese bucle infinito.
La teoría se va a pique cuando el dinero, ni este, ni el otro, ni ningún mes, llega ya para nada y los niños, cual pajarillos en el nido, abren la boca para pedir…y no hay gusanito para entregarles.
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