
El sistema financiero internacional se ha visto perjudicado el lunes por quiebra del banco Lehman Brother. La debacle se habría producido como consecuencia de la crisis hipotecaria que atraviesa el país norteamericano.
La prensa internacional no ha dudado en calificar el último lunes como una de las fechas más lúgubres para la economía mundial en varios años. El banco Lehman Brothers, con más de 150 años de existencia, ha debido declararse en bancarrota, mientras que su directo competidor, el Merrill Lynch, logró ser vendido de emergencia a otra entidad bancaria. Como consecuencia de estás operaciones financieras, todas las bolsas alrededor del mundo han cerrado a la baja, con una caída promedio del 5 %.
La quiebra de dos de los bancos más importante de EEUU han confirmado las sospechas de que la economía de ese país se encuentra atravesando una profunda crisis.
El origen del embrollo estaría en un sistema indiscriminado de préstamos bancarios e hipotecarios, que han estancado la economía por las deudas masivas de millones de ciudadanos. Al no ser saldadas esas deudas, los bancos se quedan sin liquidez para cumplir sus compromisos de inversión y corren el riesgo de quebrar.
El último fin de semana fracasaron las negociaciones para vender el banco Lehman Brother a otras entidades financieras, y el día lunes se tornó irremediable declararlo en bancarrota. De inmediato, todo el sistema financiero internacional reaccionó inyectado 70.000 millones de dólares al mercado para paliar los efectos negativos de un ajuste crediticio. La bolsa de New York no enfrentaba una caída similar desde los antentados terroristas del 11 de septiembre del 2001.
Las consecuencias políticas de esta crisis financiera no han tardado en llegar. Barack Obama, candidato demócrata a las elecciones presidenciales de EEUU, ha acusado directamente al presidente George Bush, de tendencia republicana, de provocar la peor crisis en la economía de los EEUU desde la Gran Depresión.
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